El fuego siempre me ha parecido apasionante. Esta es una frase que he interpretado de diferentes maneras a lo largo de mi vida, que apenas acaba de empezar. Durante una etapa de descubrimiento personal, algo apasionante no sería un mero encendedor, o un contenedor para las pequeñas chispas que experimentaría como trazas de ilusión. Es más bien un fuego salvaje, fruto de combustión espontánea. La habitación más oscura e infinita no puede experimentar una llama tan fuerte sin hacer que parezca pequeña, y sin embargo ha luchado. Y puedes verlo, y quiere que lo veas, y como cruje ante el silencio de sus gritos. Se retuerce violentamente en su columna de llamas tratando de expandirse, para consumir la penumbra que amenaza con devorarla, filtrando el combustible del aire de una mañana de lagrimas, de habitaciones sofocantes, de promesas hechas añicos añorando volver a sentirse completas. El silencio no hace daño, al menos no a él, pero es doloroso no ...